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Prácticamente todo está listo para el desarrollo de la tradicional feria de arte popular ‘Santurantikuy 2009’ a realizarse el 24 de diciembre en la Plaza de Armas; en el presente año tendrá una serie de restricciones e innovaciones que fueron implementadas de acuerdo a un reglamento de participación, precisando que esta importante actividad fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

La información fue confirmada por el Presidente del Directorio de la Emufec, Ismael Sutta Soto, quien manifestó que este año se estableció una serie de restricciones y reubicaciones entre las que destaca que la Plaza de Armas será sólo para los artesanos quienes exhibirán sus trabajos de alta calidad, creatividad, diseños y diversificación.

El expendio de viandas típicas y otros fue reubicado en la Plaza Santa Teresa, mientras los espectáculos se realizarán en la Plaza Regocijo donde se pondrán de manifiesto las medidas de seguridad que fueron elaboradas en coordinación con diversas entidades, especialmente con la presencia de la Policía Nacional.

En el presente año se tiene prevista la participación de 1,350 artesanos en la Plaza de Armas de los cuales 250 puestos serán destinados a los campesinos que vienen de las provincias de la región a vender la flora nativa, cuyos puestos de venta serán entregados en forma gratuita en tanto que los demás fueron alquilados.

Ismael Sutta, anunció que en esta oportunidad se premiarán a los artesanos que destaquen en esta actividad, se entregará la “medalla santurantikuy”, además se premiará al mejor artista en coordinación con el Ministerio de Industria Turismo y PROMPERU que vienen apoyando con un viaje a una de las ferias internacionales que se realizará el próximo año.

Finalmente invocó a la población a participar en forma responsable a fin de revalorar nuestra cultura viva, precisando que esta actividad es una genuina demostración del arte popular cusqueño que constituye el principal atractivo de la Navidad Cusqueña, cuyo objeto principal es la venta de objetos artísticos y elementos para la construcción de los tradicionales nacimientos.

santurantikuy

Antecedentes:


Poco después de instaurada la colonia española en Perú, en la ciudad de Cusco, tras la derrota -o decaimiento- de la sociedad incaica y ya “asimilada” la religión católica, se comenzó a celebrar cada 24 de diciembre, en la Plaza Mayor de cada pueblo o comunidad, la fiesta del Santurantikuy; feria de arte popular, en que la palabra quechua lo dice todo: Santu (santos)y Ticuy (venta).

A pesar de la imposición de la religión católica los andinos no olvidaron sus tradiciones religiosas, manteniéndolas casi en forma escondida. La naturaleza, para ellos, tenía sus propias representaciones espirituales: el Apu, espíritu del cerro; la Pachamama, la tierra y el Inti, el Sol como divino hacedor.

Antaño, el Santurantikuy connotaba la presencia de “altares” y terminaba a las tres o cuatro de la tarde. Ese mismo día, y desde tempranas horas de la mañana, comenzaban a llegar los artesanos, algunos desde comunidades lejanas, con sus mantas cargadas de niños Manuelitos -como le llaman al niño Jesús- pastores, reyes magos, vírgenes, angelitos y todo aquello que pueda incorporarse al nacimiento. Acuden a comprar algunas piezas para regalar y otras para incorporar, cada año una pieza, a sus nacimientos.

Hoy se ha convertido en una de las más grandes ferias artesanales del Perú. Es en las veredas de la Plaza Mayor del Cusco, donde los artistas tienden sus mantas, siguiendo la costumbre de las tradicionales ferias andinas. Santurantikuy, en un mercado provisional donde imagineros y artesanos ofrecen las más diversas figurillas para alegrar las fiestas navideñas y acompañar los pesebres o "nacimientos" que se arman en las casas y parroquias. También se expenden diversos artículos de barro cocido que dicen son traídos desde Pucará, pero que realmente no son de ese sector.

Se puede observar todo tipo de objetos artesanales como tallas en madera, cerámica y retablos. Durante las noches se venden los tradicionales ponches para calentar el cuerpo. Muchas de las crónicas de la colonia, que fueron escritas alrededor del siglo XVII, relatan que los sacerdotes españoles, recorrían los caseríos tratando de catequizar a los indios nativos. Justamente en épocas de Navidad, les hablaban de Enmanuel, el niño que nació en Belén y cuyo nombre quiere decir “Dios con nosotros”.

En el Cusco, una ciudad con gran tradición indígena, la imagen del Niño Manuel, es venerada todos los años durante las Fiestas Navideñas, mediante una festividad que se denomina “Santurantikuy”. Esta celebración se prepara hasta con seis meses de anticipación -según los artesanos que nos comentan-. Llegado el momento, todo se escenifica en la Plaza de Armas, donde artesanos de todas las ciudades aledañas, llegan con sus creaciones, que dan vistosidad a una feria que visitan miles de personas.

La imagen del niño Manuelito, ha sido creada por lo artesanos con diferentes actitudes. Algunos tienen el rostro con chapas rojas y una mirada pícara. Su cuerpo, parece tener piel de indio y mantiene sus brazos abiertos en señal de recibimiento. Otros lo han esculpido, cansado y casi dormido; a veces pensativo y risueño. También los hay gateando con la cabeza tratando de erguirse.

Por otro lado, siguiendo la tradición oral, nos acogemos a la etnohistoria para referirnos al relato tradicional. Existe en un pueblo de nuestras serranías un templo, donde se venera una imagen del Niño-Dios, a quien los fieles llaman cariñosamente el Tayta-Niño. La gente refiere que hace mucho tiempo, el Tayta-Niño quiso vivir entre los hombres y vino a la Tierra. Le habían dicho que en aquellos lugares se cometían muchos abusos con los pobres; que los ricos eran crueles, despiadados, y quiso comprobarlo.

Resolvió hacerles una visita la víspera de Navidad, para lo cual tomó la apariencia de un viejo mendigo y al no encontrar cariño salió del pueblo lleno de tristeza. De pronto las aguas de los ríos vecinos empezaron a desbordarse y a inundarlo todo. Lluvias torrenciales cayeron del cielo y poco después aquel pueblo fue convertido en una inmensa laguna y no quedó ni rastros de él ni de sus moradores. Mientras tanto el Tayta-Niño siguió su camino.

Cansado y hambriento, se dirigió a una choza donde compartieron con el mendigo las escasas provisiones que habían guardado para celebrar la Nochebuena. Antes de retirarse a dormir, aquel hombre le pidió unas flores. Cuando la mujer despertó a medianoche, advirtió que toda su casa se hallaba iluminada. En el rincón donde dormía el mendigo, vio al Niño-Dios acompañado de dos ángeles. Su cuerpo resplandeciente como una estrella. Entonces comprendió que había alojado en su casa al Señor y se postró para adorarle.

A la mañana siguiente el Tayta-Niño, bajo la apariencia del mendigo, se despidió de la mujer y de sus dos hijos, agradeciéndoles su hospitalidad. Había visto que la gente era buena y decidió quedarse en el pueblo para siempre. Poco después apareció misteriosamente la imagen del Tayta-Niño sobre el altar y allí se le venera desde entonces.

Con iformación de El Diario del Cusco
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