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Presuntos terroristas mataron a más de 100 pobladores.

El 16 de julio de 1984, hace 26 años, los cruentos hechos tuvieron como escenario el sur de Ayacucho. Víctor Quispe Palomino “José” admitió haber comandado la zona en esos días. Infografía

Ciertos días cruentos se disfrazan con aires de rutina, hasta que no hay escapatoria. El lunes 16 de julio de 1984, como todos los lunes, un bus interprovincial de la empresa Cabanino S.A. hizo su recorrido de Lima a la plaza de armas de la provincia de Soras, en el sur de Ayacucho. La llegada estaba programada para la noche de ese 16 de frío y granizada. Y así fue, solo que en el trayecto se aniquiló con piedras, picos y armas de fuego a más de 100 pobladores de Ayacucho y comerciantes cusqueños. Era el “bus de la muerte”.

El vehículo había sido asaltado por unos 30 o 40 presuntos senderistas vestidos de militares y policías, según los sobrevivientes. Los asesinos hicieron el recurrido rutinario para no despertar sospechas, pero en realidad cada parada era un aniquilamiento.

A las 7 am., los primeros asesinatos se consumaron en el anexo de Chalapuquio. Luego en Badopampa, Doce Corral, Chaupihuasi y en el distrito de Soras, el paradero final.

Soras no era cualquier lugar, era un trofeo de guerra para los terroristas. En la plaza de ese distrito, los líderes de 25 anexos de los distritos del margen izquierdo del río Chicha acordaron, como consta en un acta comunal, una alianza para enfrentar a Sendero Luminoso.

El documento fue suscrito en diciembre de 1983. Un mes antes Juan Miranda, Jorge León y Olimpio Jáuregui fueron asesinados en la plaza de Soras, a plena luz del día, a balazos y cuchilladas.

El “camarada José”

“Fue una venganza. Los ‘terrucos’ venían y llamaban por parlantes a la gente. ‘Vengan, el compañero ‘José’ los llama’, nos decían, pero nadie les hacía caso”, cuenta Lidia Jáuregui (69) al recordar incursiones de SL en Soras antes de la masacre del 16 de julio, donde murió su esposo Jorge Meléndez.

En ese entonces, un tal “José” estaba a cargo de las acciones de proselitismo y reclutamiento en Soras. Aquel senderista habría estado bajo el mando de Víctor Quispe Palomino, el popular  “José” del Valle de los Ríos Apurímac y Ene, que desde setiembre de 1982 hasta noviembre de 1984 fue responsable de la zona de Víctor Fajardo que abarca los pueblos masacrados durante el recorrido del bus.

En el atestado Nº 019 – Dircote, del 12 de abril de 1985, al que tuvo acceso La República, Quispe Palomino relató los actos en los que participó, entre ellos la masacre de Lucanamarca, y admitió haber sido mando en Víctor Fajardo en ese periodo.

Por aquellos días se le conocía como “Juvenal” y, según su propio relato, fue descendido a combatiente en noviembre de 1984. Su manifestación fue recogida en 1985 luego de haber sido detenido junto a Sybila Arredondo (la viuda de José María Arguedas), Margie Clavo Peralta y otros mandos senderistas.

La venganza

Los sobrevivientes narraron que aproximadamente a las 8 de la noche, unos 30 o 40 presuntos senderistas vestidos de militares y policías llegaron a la plaza de Soras luego de dejar el bus en la zona denominada Tranca”.

“En ese momento, mi esposo y varias autoridades estaban coordinando para la fiesta de toros. Todo parecía normal”, relata Lidia Jáuregui, quien recuerda que sus tres pequeños hijos dormían.

Los pobladores los atendieron pensando que se trataban de las fuerzas del orden y los invitaron a descansar en el local municipal. De pronto, Lidia escuchó un grito, un remezón, y una ráfaga de disparos que provenían del municipio. La población alarmada acudió al local: 18 hombres bocabajo habían sido asesinados con las manos y pies atados. En la pared había un mensaje escrito con sangre: “Así mueren los soplones”.

La Comisión de Derechos Humanos (COMISEDH), que realizó la investigación antropológico-forense del caso, opina que esta masacre es más grande que la de Lucanamarca por el número de muertos y atrocidad de los crímenes.

“Desde ese día quedé enferma, no soy la misma”, dice Teófila Taipe de 56 años que el día de la matanza en Soras estaba en cama tras haber alumbrado a su hija Miriam. Mientras ella descansaba, su esposo Octavio Atequipa, el gobernador, era asesinado. Vida y muerte.

Investigación congelada

1] Hasta el momento, COMISEDH ha establecido una relación de 99 víctimas y registrado 34 sitios de entierro en donde permanecerían los restos de 72 víctimas.  

2] La mayoría de víctimas eran naturales de Sucre, Ayacucho, mientras que un grupo de 12 a 15 personas, eran comerciantes cusqueños (Sicuani) que habían llegado a la zona conocida como Doce Corral.

3] Recién en noviembre de 2009, la Segunda Fiscalía Supraprovincial de Huamanga sumó las denuncias presentadas por víctimas de Ayacucho y Cusco en un solo expediente, el 192-2007. Desde entonces, se inició una investigación preliminar que sigue entrampada. Aún no se ha realizado la exhumación de los cuerpos. Las víctimas de Sicuani piden que se les entreguen los restos de sus familiares.

Milagros Salazar H.
La Republica

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