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El bioquímico estadounidense Jonathan Dunham, de 35 años, recorre la ciudad de Cusco acompañado por un burro de nombre Judas, como parte de su periplo de cuatro años por América Latina, que tendría a Chile como destino final.

Según explicó, su viaje empezó en noviembre de 2006 cuando dejó la casa de su tía en Portland, Oregon, en el noroeste de Estados Unidos, y fue rumbo a un caserío de Tamaulipas, en México, donde conoció a su fiel compañero.

Cruzó así Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, donde pasó peripecias en zonas de narcotráfico. Luego partió en un barco hasta Venezuela, país en el que no imaginó quedarse por más de año y medio.

“La situación en Venezuela fue muy difícil, me dijeron espía, me llevaron a la base de la guardia nacional, revisaron mis cosas. Era obvio que no era espía, pero me dijeron que tenía que sacar permiso, el cual me demoró unos ocho meses. Pese a que yo había conseguido de Migraciones uno para ingresar, dijeron que estaba caduco”, narró.

En Colombia el problema fue con Judas, pues allí tuvo que obtener autorización de una entidad del gobierno. Este percance lo retuvo por medio año. “Temían que el burro transmita otras enfermedades, mi burro siempre estuvo sano”, mencionó.

Al llegar a Ecuador, pisó Quisto y luego se trasladó a la selva, a la etnia de los shuar, donde fue cuestionado por su nacionalidad, dado a que algunos objetos que usa esta cultura para sus rituales habían sido comercializados vía Internet por un grupo de estadounidenses.

Dijo que al Perú ingresó por la frontera con Piura. Recorrió Tambogrande, Jaén, Cutervo, Cajamarca, Huánuco, Cerro de Pasco, Tarma, Huancayo, Ayacucho, Andahuaylas, Abancay hasta llegar a Cusco, donde se hospeda en una casa del distrito de Wanchaq.

Recordó que al dejar su país sólo contaba con dinero que por más de un año ganó al ser docente en colegios. Decidió hacer un viaje tipo mochilero, buscó comida y cobijo en cada poblado que visitó y algunas autoridades se solidarizaron por la singular visita.

“La gente no siempre es muy amable, pero en la sierra parece que son más que amables, acogedores, sencillos, en la modernidad la gente es más desconfiada. Durante los cuatro años pude ganarme la comida y estadía ordeñando vacas, construyendo viviendas, prestado mi burro para que se fotografíen en ferias venezolanas, en otros poblados enseñé inglés”, mencionó.

En San Cristóbal, en la frontera de Venezuela y Colombia, le robaron el burro mientras estaba en el cine. “Al no ver más al animal lo busqué, lo recuperé y así estoy ahora acá”, refirió en diálogo con la Agencia Andina.

Su equipaje (ropas gruesas, alimento seco, una Biblia, libros de filosofía y bioquímica) lo lleva en bidones de gasolina que acondicionó en forma de maletas. No ha sufrido enfermedades graves, salvo resfríos, gripe y picaduras de algunos insectos.

Comentó que aún evalúa la posibilidad de visitar Machu Picchu. “Yo quiero ir pero al estar por Poroy (distrito donde está la estación de trenes), me dijeron que se tiene que pagar y que no puedo ir con el animal.”

Después de Cusco visitará Puno, Desaguadero, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay, Argentina y finalmente Santiago de Chile. “No tengo meta, pero creo que de Chile retornaré por mar junto a mi burro recordando cada lugar que descubrí”, culminó.


Andina

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