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Keiko Fujimori y Ollanta Humala se enfrentan este domingo a una reñida contienda en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Los sondeos reflejan un virtual empate técnico.

Con el cierre de sus respectivas campañas en Lima, Keiko Fujimori y Ollanta Humala ponen fin a una larga campaña electoral, en la que ambos han luchado para despegarse de fantasmas del pasado. En el caso de Keiko, su padre, el ex presidente Alberto Fujimori, encarcelado y condenado a 25 años de cárcel por graves violaciones a los derechos humanos y corrupción. En el caso de Humala, sus dos intentonas golpistas, su controvertida familia y su asociación con el presidente venezolano Hugo Chávez.

En su último discurso, Ollanta pidió a los peruanos votar con memoria “para impedir el regreso de la corrupción”, en referencia a la década del gobierno de Fujimori padre (1990-2000). Keiko, por su parte, puso énfasis en tratar de mostrar a su rival como un subordinado del mandatario de Venezuela: “no solamente hay audios, sino que hay testigos de que el señor (por Humala), es un buen soldado de Hugo Chávez”.

Un 45 % de votantes no apoyó a ninguno de los dos en la primera vuelta. En las elecciones de 2006 Ollanta Humala fue el candidato más votado en el primer turno, con el 31 %, pero perdió en la segunda ronda frente a Alan García. Este próximo domingo, y tras alcanzar el 31,6 % en la primera vuelta, su rival es Keiko Fujimori, que cosechó el 23,5 %. Una candidata con muchísimo menos peso específico y a años luz de las habilidades oratorias y dialécticas de García. Pero que ha logrado acortar distancia en las encuestas, llegando a colocarse ligeramente por encima de Humala en intención de voto en los últimos sondeos.

Más allá de las encuestas, los apoyos de uno y otro candidato son claros. La cúpula de la iglesia católica, con el arzobispo de Lima a la cabeza, el presidente Alan García, dos de los candidatos del centro-derecha que se quedaron en el camino en la primera vuelta (Pedro Pablo Kuczynski y Luis Castañeda), y el establishment, apoyan claramente a Keiko Fujimori. Ollanta ha recibido el apoyo explícito de los más importantes intelectuales peruanos, encabezados por Vargas Llosa, y el ex presidente Alejandro Toledo, candidato en la primera vuelta y que es importante porque tendrá en el Parlamento un grupo de diputados clave.

Ninguna fuerza tendrá mayoría parlamentaria propia

La distribución de escaños en el Congreso, con 130 diputados, es la siguiente: los nacionalistas de Humala (Gana Perú) tendrán 47 escaños; el fujimorismo (Fuerza 2011), 37; Perú Posible, de Alejandro Toledo, 21; Alianza por el Gran Cambio, de Kuczynski, 12; Alianza Solidaridad Nacional, de Luis Castañeda, 9; y el APRA, del presidente Alan García, 4. Es decir, Humala y Toledo sumarán 68 escaños, frente a 62 del fujimorismo y aliados.

“El Perú ha cambiado y yo también”, dijo Humala tras la primera vuelta electoral, para tratar de convencer al electorado que lo rechaza por su pasado, ultranacionalista y bolivariano. Ya no quiere cambiar el sistema capitalista, no habla de expropiaciones ni de reelección. No ingresará al ALBA, la alianza regional bolivariana y reconoce como un error haber mantenido una relación cercana con Chávez, al que ahora critica duro: “no estamos de acuerdo con las reelecciones indefinidas, no estamos de acuerdo con el control del tipo de cambio ni el intervencionismo ni la dependencia del Banco Central (…) Respetaremos la libertad de expresión, respetaremos la propiedad de los medios de comunicación, me comprometo a respetar la libertad de prensa en el país”. Por si esto fuera poco, se dice deseoso de trabajar con los EE.UU. e incluso con la DEA, la agencia antidrogas estadounidense, que tanto Venezuela como Bolivia han expulsado de sus países.

Keiko, por su parte, asegura que no quiere llegar al gobierno para arreglar asuntos personales, entiéndase liberar a su padre de la cárcel. Reivindica al gobierno de su padre (1990-2000), como el mejor en la historia del país, aunque admite errores. Pero su entorno, gran parte del cual trabajó directamente con Alberto Fujimori, no ayuda mucho a despejar dudas. Se declara admiradora del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y de su antecesor, Manuel Uribe. Y concede que al neoliberalismo hay que añadirle un programa de distribución del ingreso con carácter social.

Fuente: La Tribuna.es

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