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Francisco y Trinidad Mamani, agricultores de una comunidad del distrito de Sangarará, son el testimonio de que en la Sierra la transformación comienza a ser una realidad en el país y que la condiciòn de vida de muchos campesinos también está cambiando.

Ambos cultivan hortalizas y junto a otros labriegos de Sangarará, en la provincia cusqueña de Acomayo, se dedican a producir alimentos alternativos a los tradicionales, algo que nunca antes habían imaginado y menos ser parte de la cadena productiva en la región Cusco.

En declaraciones a la agencia Andina, Fernando y Trinidad explicaron que dejaron el monocultivo para producir otros productos, aprovechando el recurso natural: ríos, manantiales, tierras fértiles y clima adecuado.

El propósito es mejorar los cultivos y la tendencia es que sean orgánicos, sin que intervengan insumos químicos, ya que resultan dañinos para la salud de las personas.

Este esfuerzo está permitiendo a los agricultores de varias comunidades de la Sierra sur del país a salir de la pobreza y reducir la desnutrición, que afecta a muchas personas que viven en los andes peruanos, explicaron.

Después de muchos años de dedicarse al sembrío de papa, trigo y habas, especialmente para consumo familiar o de la comunidad, desde hace algún tiempo producen zanahoria, cebolla, repollo, coliflor, rabanito, betarraga y otros alimentos.

Según Francisco Mamani, la alimentación de su comunidad "ha mejorado un 100 por ciento" y también la economía de muchos hogares con la venta de sus productos a mercados de las provincias de Acomayo, Anta y Canchis, e incluso la ciudad del Cusco.

Dijo que los cultivos alternativos, con el empleo de una técnica natural y sin insumos químicos, está dando buenos resultados, gracias a la capacitación que reciben del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) y de la Federación Campesina del Cusco.

"Decidì cultivar hortalizas por ser más rentable y ser un producto que se cosecha varias veces al año, a diferencia de la papa, que se recoge del campo una vez al año", señaló Francisco Mamani, quien luce orgulloso su atuendo multicolor.

En mi comunidad somos unos 40 agricultores que se dedican al sembrío de hortalizas y nos hemos organizado para vender a la región Cusco. Ahora trabajo con mayor ánimo para mi familia, subrayó este hombre de raza cobriza y barba blanca.

Trinidad Mamani Cascavilca, quien antes se desempeñaba como promotora de salud, contó a la agencia Andina que todos los miembros de las familias de su comunidad trabajan en la producción de alimentos alternativos y orgánicos, lo que antes no ocurría.

Señaló que ahora dedican más tiempo a trabajar en el campo, situación que a su vez ha repercutido en una reducción en el consumo de alcohol y también de la violencia familiar.

Explicó que las mujeres de cinco comunidades de Sangarará se han organizado y comparten sus conocimientos con mujeres de otros lugares, a fin de que la experiencia en los cultivos alternativos se replique en otras zonas. "Cada semana llegan a mi casa muchas mujeres de otras comunidades para aprender", agregó.

En este contexto, el programa gubernamental "Al turista, lo nuestro" está facilitando a muchas comunidades del Cusco a ofrecer sus productos a los mercados locales y regional, según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).

Las comunidades andinas, además, esperan ser favorecidas con las políticas de promoción del turismo inclusivo, el cual generará fuentes de ingresos para mejorar el nivel de vida de las poblaciones andinas.

El plan piloto del programa "Al turismo, lo nuestro", que se pondrá en marcha en julio en el distrito de Mollepata, en la provincia de Anta, promueve la adquisición de insumos regionales por parte de los prestadores de servicios turísticos, como son hoteles y restaurantes, de los principales destinos nacionales.

Gracias a este programa impulsado por el Gobierno, en distritos como Sangarará y Mollepata, también se promueven y cultivan productos gourmet, como col de Bruselas, tomates Cherry, paltas Hass, zapallito italiano, pimientos, coliflores, rabanito, betarraga y holantao, este último usado en chifas.

En la ciudad del Cusco y en el Valle del Urubamba, los principales hoteles y restaurantes ya adquieren algunos de estos productos directamente de las comunidades para atender el variado paladar de los turistas de diversas partes del mundo y también la creciente fusión de elementos nativos con gustos foráneos.

Andina

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