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Un astronauta, una ingeniera de la NASA y el científico de una misión simulada a Marte tienen dos cosas en común: son peruanos y confiaron en que el cielo es el único límite. Aquí sus historias
UN COMPATRIOTA "LLEGA" A MARTE 

Cuando pisó esas montañas rojizas, Avid Román supo que había "llegado" a Marte. En medio de la nada solo se levantaba una estación de forma cilíndrica, donde realizaría experimentos con investigadores de Norteamérica y Europa. Él era el segundo oficial al mando y debía seguir minuciosamente las reglas. Si salía de la base a explorar debía enfundarse en un traje y cargar los balones de oxígeno que irían conectados a su casco.
Del 15 y al 30 de marzo de este año, Avid participó en una misión simulada a Marte en la Mars Desert Research Station (MDR), una base científica asentada en los áridos desiertos de Utah, EE. UU. Un lugar elegido por sus condiciones extremas y similares a suelo marciano. Aquí la fundación The Mars Society reúne cada año a investigadores calificados para entrenarlos con miras a una futura exploración al cuarto planeta.
En una situación real en Marte, los científicos soportarían un ambiente con temperaturas de hasta -55 °C, con gravedad de 3,71 m/s2 (la Tierra tiene 9,8) y radiaciones extremas. Hasta allá quisiera llegar Avid, el cusqueño que migró del Perú con un plan trazado bajo el brazo. Los científicos de la misión simulada en la MDR no son necesariamente los que irán a Marte, pero sí los acerca a esa posibilidad.
Avid nació en 1983 en Sicuani. Desde muy chico entendió que el estudio lo llevaría lejos. A los 15 terminó el colegio. A los 23 tenía dos carreras, ingeniería electrónica y de sistemas. Y a los 24 fue becado para un máster en Automatización Industrial en Francia. Ser el primero de la clase lo llevó a ganar cuatro becas de doctorado. Avid optó por la de Procesamiento en Señales e Imágenes, del Centro Espacial francés.
Pronto fue contratado por agencias espaciales de Francia y Alemania (los símiles europeos de la NASA) para investigar las imágenes de los satélites que orbitan la Tierra. Todo ese bagaje lo hizo ser elegido luego por The Mars Society.
Hace un mes, sin embargo, Avid retornó al Perú para aplicar sus conocimientos aquí. "En Europa las cosas ya están hechas, pero la tecnología espacial aquí recién despega. Ahora que el país ha comprado un satélite francés, quisiera aportar un granito de arena con mi conocimiento", aseguró. Su talento, sin duda, no pasará desapercibido.
EL HOMBRE QUE CONQUISTÓ EL CIELO
A 400 kilómetros de la Tierra, lo menos que pensaba Carlos Noriega era en el peligro. Sabía que estaba en un ambiente sin atmósfera y sin gravedad, donde la posibilidad de toparse con una lluvia de meteoritos no era una pesadilla lejana. Pero nada de eso le cruzaba por la mente. Esa tarde de diciembre del año 2000, aquel peruano solo pensaba en hacer historia.
Era la misión STS-97, la segunda que cumplía. Tres años atrás se había convertido en el primer astronauta peruano, y viajó 144 veces alrededor de la Tierra. Pero ahora era distinto. Por primera vez tenía que salir de la nave y sentir en la piel el vértigo del espacio exterior. Cualquier movimiento en falso podía costarle la vida.
Por seis horas Noriega flotó en medio de la nada y reparó manualmente los paneles solares de la Estación Espacial Internacional, un centro de investigación que orbita el planeta desde 1998. Antes de volver al transbordador que lo trajo hasta allí, bajó la mirada. A miles de kilómetros de distancia, la Tierra era solo un pequeño globo celeste que brillaba en la oscuridad. Allí, en esa esfera lejana, habían comenzado sus sueños.
Carlos Noriega vivió en Lima hasta los cinco años. Luego se mudó a Estados Unidos. Cuando cumplió diez, en 1969, una imagen por televisión lo marcó: Neil Armstrong llegaba a la Luna por primera vez. Carlos quería hacer lo mismo. Pero ¿podría hacerlo él, un inmigrante peruano con pocos recursos? Carlos pisó tierra pronto, pero no por mucho tiempo.
Estudió informática y se enroló como piloto en la Marina Norteamericana. En 1994, con 35 años, un máster en ciencias, casado y con cinco hijos, un amigo lo animó a postular a la NASA con él. "Todo era posible", pensó. Carlos sorteó a más de tres mil competidores hasta quedar elegido. Durante un año fue entrenado por tierra, aire y agua. Más de 200 horas sumergido con pesas en las piernas le enseñaron a movilizarse sin gravedad.
Hoy, a sus 54 años, Noriega tiene 461 horas de vuelo espacial y aún es el único astronauta peruano. "Los deseos jamás se pueden poner en la parte de atrás de la cabeza. Uno tiene que trabajar para cumplirlos", aseguró la semana pasada ante un auditorio lleno en la Universidad Tecnológica del Perú, a donde llegó invitado por la Embajada de Estados Unidos. Lo dice el hombre que alcanzó un sueño que estaba, literalmente, a más de 400 mil metros de distancia.
LA DAMA DE LA LUNA
Aracely Quispe vive entre la Tierra y la Luna. A sus 30 años, es la única peruana del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, encargada de comandar y realizar los planeamientos del satélite LRO (Orbitador de Reconocimiento Lunar). "Este satélite monitorea las 24 horas del día la superficie lunar para tener un atlas comprensivo de todas sus características", explica ella.
Desde su oficina en Maryland, EE. UU., Aracely realiza las investigaciones necesarias para la nueva llegada del hombre a la Luna, prevista por la NASA en menos de diez años. A través del LRO, la peruana analiza cuáles serían las zonas más seguras de aterrizaje y exploración para los próximos astronautas que, una vez más, harán historia.
Aracely nació en el caserío de Marripón, en Motupe, Lambayeque. En medio de campos y montañas, creció con el sueño de tocar las estrellas que veía pasar sobre su cabeza. Un video de la llegada del hombre a la Luna la hizo confiar en que todo era posible. Aracely estudió ingeniería en Trujillo y destacó como deportista. Ser campeona de karate no solo le permitió ir a torneos en Estados Unidos. También la hizo conseguir la residencia norteamericana para personas con habilidades extraordinarias y emprender un camino académico hacia el espacio.
Con préstamos universitarios, Aracely estudió ingeniería tecnológica espacial y eléctrica en la Prince George's Community College, y luego astronáutica en el Capitol College, donde los alumnos apoyan a los ingenieros de la NASA si son aceptados en su Instituto de Misiones Espaciales. Ese era su destino. Luego de mucho esfuerzo, la peruana consiguió un contrato en el Centro de Vuelos Espaciales.
"Yo sé que los recursos son escasos en el Perú. Pero más importante que el dinero es la voluntad. Yo descubrí que conseguiría mis metas a través del estudio y el deporte", asegura la ingeniera, quien espera que el Estado peruano destine presupuestos para programas de investigación científica para los jóvenes. A veces, solo hace falta una oportunidad para tocar las estrellas.
Con información de Correo

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