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Es inmenso, plano y circular, de textura esponjosa y sabor ligeramente dulce. Por su tamaño, se podría decir que no es exactamente el pan nuestro de cada día sino, más bien, un pan para varios días. Quizás por esas proporciones algo exageradas o, tal vez, por la calidad del producto final, el distrito de Oropesa, Quispiscanchi, Cusco, es conocido como la “Capital Mundial del Pan”. 
Amanecer en Oropesa. Olor a pan recién horneado. Las chutas salen calientes. Provocan y tientan. Son sabrosas, como no serlo si se elaboran con el agua proveniente de una montaña sagrada y la bendición de la Virgen del Carmen.
Ese es lo que cuenta Richard Gómez, regidor municipal por elección y panadero por tradición. “El agua que utilizamos proviene del Apu Pachatusan (señor que sostiene la tierra, en español), una montaña que está a más de 4.000 metros de altura”, explica, antes de comentar que 2.400 habitantes de su distrito se dedican a la panadería, lo que representa el 80 por ciento de la población.
La tradición de amasar y hornear se inició en la época colonial, cuando en los campos cusqueños se empezó a sembrar el trigo que trajeron los españoles.
Fuente: La república.

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