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Bajo el titulo de "Cusco en campaña: Los candidatos bailan con su propio pañuelo", Mauricio Zavaleta  de Semanaeconómica hace un recorrido por la ciudad imperial del Cusco, para verificar cómo se viene desarrollando la campaña electoral con miras al presente proceso electoral que le toca afrontar al país. Reproducimos el reporte a continuación.

Los partidos nacionales no apoyan a sus filiales regionales, según Mauricio Zavaleta, politólogo y blogger de SEMANAeconómica. Desde Cusco, Zavaleta relata cómo los candidatos luchan –con escasos recursos– por llegar al Congreso.

POR MAURICIO ZAVALETA
Politólogo y bloguero de SEMANAeconómica
Desde Cusco.- Cinco años atrás, las calles de Cusco estaban inundadas por pintas rojas que anunciaban la Gran Transformación del entonces candidato Ollanta Humala. El nacionalismo era la fuerza indiscutible en la ciudad y en el departamento. En la primera vuelta del 2011, Humala obtuvo el 63% de los votos y su partido ganó los cinco escaños al Congreso que le corresponden la región. Hoy, las pintas de quienes hasta inicios de marzo eran candidatos congresales del Partido Nacionalista –que recientemente retiró sus listas– son difíciles de encontrar. Existen algunas cerca al aeropuerto, pero más allá el mundo se descubre morado, naranja, rosado, incluso hay vestigios del verde que simbolizó la transición democrática en el 2000.  
Cusco está en busca de su candidato. Cuando Julio Guzmán se mostraba como la alternativa para llenar el vacío de Ollanta Humala, el Jurado Nacional de Elecciones lo sacó de carrera. Hasta hace unas semanas, un grupo de jóvenes aún optimistas se reunía en el local principal de Todos por el Perú en Cusco, en la Av. de la Cultura, pero ese grupo ya era una sombra de lo que antes del fallo eran cientos de entusiastas que se atumultuaban en el pequeño lugar. Quien les animaba, un miembro del comité local, les pedía mantanerse activos hasta recibir el resultado del recurso extraordinario para que el JNE reconsiderara su decisión. La noticia del fallo final solo se conocería la madrugada del lunes siguiente.
Pero los jóvenes cusqueños no han sido monopolio de Todos por el Perú. Durante algunos días estuve en Cusco recorriendo los locales partidarios para conversar con simpatizantes y candidatos al parlamento. En todos estos locales me sorprendió la participación, casi exclusiva, de jóvenes que difícilmente superan los treinta años, la misma edad de quienes el jueves 10 de marzo acudieron al mitin de Keiko Fujimori a manifestarse en contra, lo cual terminó en un enfrentamiento entre trincheras que la policía difícilmente podía contener. Entre la lluvia, las bombas lacrimógenas y los cánticos, el mitin tuvo que ser suspendido.
Un día más tarde, la propia candidata se pronunció en contra de los manifestantes calificándolos de extremistas. Aunque fue un acto de intransigencia acudir al mitin —quienes apoyan al fujimorismo tienen derecho a la libre reunión— los manifestantes difícilmente eran radicales. Era un grupo diverso de estudiantes universitarios y simpatizantes del resto de partidos, quienes se unieron en contra de la candidata que lidera las encuestas, y a su vez, la que menor simpatía despierta entre los cusqueños. A diferencia de otras partes del país, la presencia del fujimorismo en la ciudad es casi imperceptible. Ejemplo de ello es que, ni en el centro ni en la transitada Av. de la Cultura —que donde se concentran casi la totalidad de locales partidarios— existe alguno del fujimorismo.

REGIONES SIN PARTIDOS (NI LOCALES)

Fuera de la Casa del Pueblo (local partidario del Apra), ningún partido cuenta con un local propio. Lo que existen son comités de cada candidato al congreso, una muestra de la debilidad de los partidos políticos. Con frecuencia se dice que nuestras organizaciones políticas son franquicias, pero eso es darles demasiado crédito. Se parecen a una franquicia en el sentido que ofertan un marca a un conjunto de políticos que, por lo general, pagan por utilizar el logo. Pero, en el mercado de franquicias, estas proveen de tecnología y estrategias de mercadeo. En la política peruana eso no ocurre. Quien adquiere la inscripción en un partido baila con su propio pañuelo.
He preguntado a cerca de veinte candidatos al Congreso de los partidos mejor posicionados en las encuestas nacionales si la organización por la cual postulan les brinda alguna ventaja logística (local, militantes, pintura, vehículos). La respuesta siempre ha sido la misma: nada. Incluso en el Apra, supuestamente el partido más organizado del país, es latente la debilidad de los partidos en las regiones.
En Cusco se siente la soledad de lo que llaman “la Nacional” (el Comité Ejecutivo Nacional del Apra, ubicado en Lima). “En la campaña de 2006 nos llegaba un montón de material, afiches, calendarios, de todo, pero ahora no tenemos nada, y les aseguro en Lima hay toneladas tiradas en Alfonso Ugarte” manifestaba uno de los candidatos al Congreso en una reunión de coordinación en la Casa del Pueblo, ubicada entre las calles San Andrés y Carmen K’ijllu.  
Las estrategias discutidas en esa reunión ilustran la precariedad del partido, y la ausencia de medios para hacer una campaña política. La Casa del Pueblo es un ambiente sin divisiones que parece una iglesia de los primeros días. Al final del salón cuelga una imagen de Haya de la Torre, y a los extremos, de Alan García, su único heredero.
En el encuentro, una de las figuras más representativas del aprismo en la región, y candidato al Congreso por segunda oportunidad, dio una recomendación elocuente a los demás militantes sobre cómo capturar la atención mediática: “Está bien apuntar a redes sociales, pero también apuntemos a medios masivos, estar atentos a cuanto programa de radio y televisión”, dijo. “Todos abren espacio al público. Entonces hay que llamar y decir que se apoya a Alan. Ser los primeros. Así la gente va escuchando que llaman cinco, y que esos cinco están con Alan. Es un artificio, pero se va creando la ilusión de que hay más apoyo. A eso tenemos que apuntar.”
Aunque suene a una medida desesperada, parece ser común debido a los limitados recursos con los que cuentan los candidatos al Congreso. Pude ver el mecanismo en acción en otra tienda política, mientras esperaba una entrevista. Una candidata al Congreso realizaba una entrevista radial. Apenas se abrieron las llamadas telefónicas al público, uno de los jóvenes presentes en el local partidario —miembro de su propio equipo— llamó a felicitar su intervención y mostrar su respaldo. Obviamente, como si fuera un radioescucha común.
Para partidos sin militantes, los medios son de vital importancia para mostrar fortaleza y viabilidad electoral. Esto se hace patente con las palabras de uno de los candidatos al parlamento por Peruanos por el Kambio (PPK) a los veinte jóvenes que congregaba en su local personal: “Tenemos que empezar a pasearnos por los mercados. Pero tenemos que parecer varios, en caravana, como que somos una multitud. Eso lo vamos a grabar y pasar a los medios”, dijo, y luego nombró siete canales de televisión distintos. “Yo tengo reportajes ahí comprados, pero necesitamos material”, agregó.

SIN VÍNCULOS

Lejos de partidos, las elecciones en Cusco —y con seguridad en gran parte del país— son el concurso de varios candidatos sin vínculos entre sí. Durante una década se ha sostenido que el voto preferencial erosiona la cohesión partidaria. Pero este diagnóstico responde a los ochenta. Ahora no hay nada por erosionar. No hay cuadros formados en los partidos, sino independientes cuyos competidores más cercanos son los otros miembros de sus propias listas. Dos ejemplos pueden ilustrar esta observación.
Primero. El día de la exclusión de César Acuña me acerqué al local de Benicio Ríos, el número uno en la lista parlamentaria por Cusco del partido de Acuña, quien obtuvo el segundo lugar en las elecciones regionales de 2014 por el movimiento APU. Mientras coordinaba con su equipo, les pregunté cómo evalúan la tacha del candidato presidencial.
—Con alivio —me respondió quien resultaría ser el coordinador de campaña—. Así sólo tenemos que sacar un candidato ganador en seis regiones; con Acuña no sabíamos si lográbamos pasar la valla, haciendo una interpretación incorrecta de la Ley de Organizaciones Políticas.
Segundo. Esa noche encontré con Gloria Castillo en su local de campaña. Hija de un aprista devenido en guerrillero (quien falleció en La Convención junto a Luis de la Puente en 1965) se vinculó con Pedro Pablo Kuczynski en 2011. Durante el proceso de inscripción de PPK, fue la encargada de crear los comités provinciales como secretaria regional de organización, lo cual afirma haber realizado con sus propios recursos. En compensación, cuenta que Kuczynski la llamó y le habría dicho “Gloria, quiero que seas congresista, te doy el número 3”. Frente a esa afirmación, le consulté sobre el proceso de conformación de la lista en general, si los otros candidatos también participaron en el partido desde 2011.
—No —respondió—. Ellos llegaron en octubre. Cómo se determinaron los números, no lo sé.
Si los vínculos entre políticos y partidos son efímeros, también lo son las militancias. Por esos días me reuní con Armando Villanueva, candidato al congreso por Acción Popular, quien ha desarrollado su trayectoria en un solo partido, a diferencia de sus pares. Le comenté que los jóvenes que se congregan en su local partidario, ubicado a espaldas de la paqcha de Pumaqchupan, estaban muy entusiasmados planeando pasacalles pero no tenían claro qué comunicar. Me sorprendió la sinceridad de su respuesta:
—Claro, pero esos chicos hace veinte días no estaban, no les puedo pedir más.
Fuente: SEMANAeconómica

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